Es un fenómeno por el cual confirmamos una creencia previa. Como si vaticináramos  lo que va a ocurrir.

Si Jaimito tiene un examen y cree que no lo lleva bien o que es muy difícil para el, es probable le dedique una menor esfuerzo si espera suspenderlo. Si suspende se confirmara su expectativa.

En cierta forma tendemos a actuar de acuerdo a nuestras expectativas, estas tienen influencia sobre los resultados. Ya que modifican nuestra percepción de una tarea, lo que nos puede influir en como la afrontamos.

En cambio, quien cree que va a aprobar la asignatura probablemente le dedicara más tiempo y esfuerzo con lo que será más probable que obtenga resultados positivos.

A veces esto se produce como un círculo vicioso, quien no ha escuchado o ha pensado que las matemáticas son difíciles o se le dan mal. (Aquí puede entrar en juego el concepto de  indefensión aprendida)

Si unimos la profecía autocumplida con nuestra tendencia a tener ciertos sesgos cognitivos nos fijaremos en aquellos eventos que confirmen nuestra profecía, dejando de lado los que no cuadran con la misma.

De igual forma los empresarios considerados exitosos, han fracasado multitud de veces pero se levantan bajo la expectativa de que terminaran lográndolo en lugar de rendirse.

 

A nivel familiar esto ocurre de otra forma.

De igual forma las expectativas de nuestro entorno,  nos pueden moldear. Dicha expectativa tanto por exceso como por defecto da lugar a pautas poco adaptativas.

Si en la familia de los “eres XXX” como eres XXX tenderas a comportarte en función de lo que se espera de ti o de lo que te han inculcado en dicho entorno. ( XXX puede ser “malo”, “bueno”, “torpe”…  etc. ) En este caso la profecía es familiar pero el individuo la termina por asimilar como propia. Por ejemplo “la oveja negra de la familia”.

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