Pixabay

Si te preguntase  cómo te estas sintiendo ahora.  ¿Qué respondes?

Muchos  responderán o pensaran, que tontería, estoy “bien” o algunos afirmaran que están “mal”.

 

Coloque “bien” o  ”mal” entre comillas, de forma deliberada ya que dichos términos no pueden describir con suficiente amplitud lo que sentimos.

Saber que sentimos, parece sencillo pero es algo que desgraciadamente no nos enseñan en el colegio y a lo largo de nuestra vida tiene más importancia en nuestras relaciones con los demás que dar los buenos días o hacer ecuaciones.

Complementando lo anterior en muchas familias la emoción, incluso ciertos asuntos, están proscritos. No todo va a recaer en la educación y en los esforzados docentes ya que esto es algo que parece se intenta integrar en la educación, el mensaje que impere en la familia será el que pesara más.

Me contaban como anécdota hace años, no sé hasta qué punto es cierto o no, en una escuela de arte dramático, probablemente la de Málaga. Preguntaban a los alumnos cómo estaban, qué sentían, casi de forma insistente y de diversas formas. ¿Estás bien? Mira más al fondo ¿Te sientes bien?

Les comentaban que todos tenemos una especie de cuarto de escobas, que apenas miramos en el día a día el cual se va llenando de telarañas.

Pixabay

Les solicitaban que visualizaran dicho lugar imaginándoselo que se acercasen y observasen que había oculto ahí tras la puerta. Los alumnos que profundizaron  acercándose a dicho lugar sintieron cosas que no esperaban, esto hizo muchos se echasen a llorar.

 

Pixabay

¿Te  has parado en algún momento a mirar esa habitación? ¿O sigues en la vorágine del día a día? Centrado en el trabajo, la familia y muchas de las exigencias de la estresante vida moderna.

El primer paso es parar y dedicarte unos minutos o un tiempo a ti estimado lector. Puedes hacerlo como en la anécdota o con el simple hecho de pararte a ver, incluso puede que no sepas que sientes de forma definida.

¿Y esto para qué sirve?

En realidad es solo el primer paso para intuir que nos está moviendo en el día a día.

¿Por qué me incomoda o evito una situación? Que siento ahí que me lleva a responder de una u otra forma.

A nivel relacional, si en una relación no nos detenemos a mirar, podemos seguir dentro relaciones en las que se nos esté dañando o seamos quienes dañen a otros sin ser plenamente conscientes.

Con los Hijos.

Es muy difícil saber que hay detrás de los actos ajenos, si no somos capaces de ver que hay detrás de nuestras acciones. Se puede tender a simplificar con etiquetas ignorando la emoción que puede subyacer en el otro, esto es de vital importancia en las relaciones y en especial con los hijos.

Si no podemos acoger y acompañar adecuadamente la emoción en los hijos quienes se regulan inicialmente a través de los padres aprendiendo de lo que ven, serán estos quienes terminen repitiendo patrones de conducta que no son adaptativos.

Muchos padres acuden a consulta buscando una explicación o un “diagnostico” están muy preocupados por sus hijos. Es verdad, que puede ocurrir algo con los pequeños, pero en muchas ocasiones el fallo está en la propia regulación emocional de los padres que termina influyendo en la pareja y en las relaciones con los hijos.

Pixabay

Ejemplo clásico, uno de los padres está ansioso, nervioso o preocupado por el trabajo u otros asuntos,  termina por chillar y regañar a los hijos por algo sin mucha entidad.

En el fondo los hijos ahí están siendo una vía de escape ante esa emoción. (Lo que viene a ser “pagar el pato”)

Deja un comentario